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Y tanto que puedes. Mira adentro, búscate. Tu fuerza está ahí, enrevesada en la maraña de creencias y pensamientos irracionales que te bloquean esta tarde. Sácala a la luz, abrázala, siente su sacudida.

Alza los puños, extiende los índices en alto y mira más allá de ellos, hacia el infinito. Vence a la desidia, mata la inercia, ponte en marcha.

Ahí estás. Gritas “vamos” y sientes un escalofrío incendiar de tensión tu cuerpo. Recobras la energía que parecía haberte abandonado. Rescatas el ímpetu que siempre has llevado dentro y notas cómo te vienes arriba por momentos.

Ahora sí. Vuelves a ser tú, y eres imparable.

¿Quién dijo que no podías?