Ha caído estos días en mis manos un texto interesante para la reflexión. Se trata del primer capítulo de un libro llamado Leadership without easy answers de un tal Ronald A. Heifetz, que aborda una idea fundamental: los valores como elemento determinante del liderazgo frente a otras formas de influencia.

Haciendo énfasis en el binomio liderazgo-valores, el autor cuestiona nociones preconcebidas del significado de la palabra “liderazgo” y critica la facilidad con que se emplea hoy en día para designar a personas en el poder o que arrastran una legión de seguidores, con independencia de los valores que pregonan o representan.
Ninguna de las teorías tradicionales acerca del liderazgo, argumenta Heifetz, tiene en cuenta los valores como elemento clave de éste. Lo que el vocabulario cotidiano califica como liderazgo, en muchas ocasiones no es más que un puesto elevado en un sistema jerárquico (por ejemplo, el “líder de un partido político”) o el ejercicio de persuasión o sugestión sobre otros (que despliegan algunos “líderes de opinión”).
Valores para el liderazgo
Por el contrario, el verdadero liderazgo va más allá del poder y la influencia. Lleva asociado valores éticos y morales, y pone el foco en movilizar a las personas a la acción constructiva para resolver conflictos.
No se pueden dejar de lado los valores al hablar de liderazgo. Así, un líder ha de conjugar las necesidades propias, las de sus seguidores y las de la sociedad en su conjunto a la hora de establecer objetivos.
La idea del liderazgo basado en valores resulta reveladora porque supone un cambio de paradigma en nuestros supuestos básicos. El fin del liderazgo no ha de ser ni la influencia ni el poder, sino la capacidad de abordar y resolver problemas desde el respeto a la verdad y al bien, considerando la dimensión ética de las decisiones y la responsabilidad social de sus consecuencias.
Pensemos en Hitler, por ejemplo. Atendiendo a la influencia ejercida (movilizó a una nación a seguir sus ideas e inspiró a millones de personas a vivir bajo su dictado), a la fijación de objetivos compartidos por sus seguidores y a la efectividad con que gestionó las organizaciones, cabría decir que fue un auténtico líder. Sin embargo, bajo el nuevo prisma del liderazgo basado en valores, concluiremos que Hitler ejerció el poder, pero no lideró.
Dos cualidades son para mí esenciales en un líder: