Ken Robinson afirma que todos nacemos con grandes talentos naturales, y a medida que pasamos tiempo en el mundo perdemos el contacto con ellos. Hay mucha gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer.

Padres que intentan orientar a sus hijos a menudo los alejan de sus verdaderas aptitudes porque dan por sentado que para alcanzar el éxito sus hijos tienen que seguir caminos convencionales.

Una gran mayoría de personas carecen de una verdadera percepción de sus talentos individuales y de lo que les apasiona. No disfrutan de lo que hacen, pero tampoco tienen idea de lo que les satisfaría.

Por todo ello, Ken Robinson advierte de la necesidad de pensar de forma diferente en nosotros mismos y en lo que estamos haciendo con nuestra vida, y urge a conectar correctamente con nuestros talentos e inclinaciones individuales.

Frente a los caminos “naturales” socialmente marcados, a los periodos “estándar” y saltos de etapas comunes, Robinson recuerda que las trayectorias vitales a menudo no son lineales. Destaca la importancia de cultivar el talento y entender que éste se expresa de forma distinta en cada individuo.

“Elemento”: lugar donde convergen lo que nos gusta hacer y lo que se nos da especialmente bien

El Elemento

El autor ilustra su tesis con tres casos de personas que alcanzaron el éxito y la satisfacción personal tras descubrir aquello que de forma natural se les daba bien y les entusiasmaba: Gillian Lyne (bailarina y coreógrafa leyenda de Broadway, responsable de musicales icónicos como Cats y El Fantasma de la Ópera), Matt Groening (creador de Los Simpson) y Paul Samuelson (economista, Premio Nobel en 1970).

Los tres casos, junto con muchos otros citados a lo largo del libro, son ejemplos de que cuando alguien encuentra su Elemento, adquiere el potencial para alcanzar mayores logros y satisfacciones.

Estar en nuestro Elemento depende de que descubramos cuáles son nuestras habilidades y pasiones personales. De ahí la necesidad de descubrir nuestros intereses y talentos, mensaje fundamental de la obra.

Sin embargo, afirma Ken Robinson, la educación no sólo no ayuda a descubrirlos sino que muchas veces tiene el efecto contrario:

  • Por un lado, los sistemas escolares nos inculcan una visión muy reduccionista de la inteligencia y la capacidad personal, y sobrevaloran determinadas clases de talentos y habilidades
  • Por otro, nuestro actual sistema educativo agota sistemáticamente la creatividad de los niños

Muchas de las personas que han encontrado su Elemento no siguieron sus inclinaciones sólo por la promesa de tener una nómina; se dedicaron a ellas porque no podían imaginarse haciendo otra cosa.

El autor se pregunta: ¿Qué harán nuestros hijos si continuamos preparándolos para la vida siguiendo los modelos antiguos de educación? Debemos animarlos a explorar tantos caminos como les sea posible para que descubran sus verdaderas capacidades e inclinaciones.

Qué es el elemento

El Elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales.

Ken Robinson resalta los casos de personas que hacen lo que les gusta, y al hacerlo se sienten realmente ellos mismos: más vivos, más centrados y llenos de vida. Experimentan una revelación: perciben quiénes son realmente y qué deben hacer con su vida. De ahí que encontrar el Elemento sea comparable a una epifanía.

El Elemento combina una habilidad única y personal con una gran pasión y mucho compromiso. El Elemento, por tanto, conlleva dos características: capacidad y vocación.

“Elemento”: habilidad única y personal combinada con una gran pasión y mucho compromiso

Basado en Ken Robinson y Lou Aronica. Editorial Random House Mondadori (2009)