Ken Robinson sostiene que los procesos educativos actuales no tienen en cuenta los estilos individuales de aprendizaje ni el talento. Aboga no por una reforma de la educación, sino por una profunda transformación que permita descubrir los talentos individuales de cada niño, creando un entorno en el que los estudiantes puedan aprender y descubrir de forma natural sus verdaderas pasiones.
El futuro de la educación no está en estandarizar sino en personalizar. Sin embargo, la perspectiva global del mundo occidental no se basa en ver sinergias y conexiones sino en hacer distinciones y ver diferencias. El autor propone ir más allá de las metáforas lineales y mecanicistas (método científico, industrialización) y desarrollar metáforas más orgánicas del crecimiento y desarrollo humanos.
Para Robinson es crucial animar a los niños a que sigan cualquier cosa que los entusiasme. El entusiasmo es el principal aspecto que debe desarrollarse.
Para crecer necesitamos que se den las condiciones correctas en nuestros colegios, negocios y comunidades, así como en nuestra vida personal. Si las condiciones son las adecuadas, las personas crecen en sinergia con la gente que les rodea y con los entornos que forman.

La realización como individuos requiere desarrollar nuestras aptitudes naturales únicas y nuestras pasiones personales para que exista equilibrio y satisfacción en nuestra vida. Alcanzado este equilibrio y realización, si llegamos a ser la mejor persona que podamos llegar a ser, entonces podremos ayudar a los demás de forma más significativa.
“El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestras aspiraciones sean muy altas y las desaprovechemos, sino que son demasiado humildes y las alcanzamos” (Miguel Ángel).
Debemos aspirar alto, descubrir nuestro Elemento.
Basado en Ken Robinson y Lou.Aronica. Editorial Random House Mondadori (2009)