Ken Robinson identifica una serie de desafíos para encontrar el Elemento: (i) uno mismo: falta de confianza o miedo al fracaso, (ii) el entorno: imagen y expectativas de las personas cercanas acerca de uno, (iii) la cultura general que nos rodea.

Por tanto, existen tres tipos de barreras para encontrar el Elemento: personales, sociales y culturales.

Barreras personales

La actitud tiene una importancia fundamental a la hora de encontrar el Elemento. La fuerte determinación de llegar a ser uno mismo tiene un poder indomable.

El miedo es el obstáculo más común para encontrar el Elemento. De ahí que sea imprescindible afrontar los propios miedos y la poca confianza en uno mismo. Elegir seguir adelante, superar los límites y permanecer en el Elemento a pesar de los obstáculos.

Barreras sociales

Uno de los mayores miedos que afrontamos es el miedo a la desaprobación por parte de nuestro entorno. Ken Robinson deja constancia de que muchas personas no encuentran el Elemento porque no tienen la confianza o el estímulo necesarios para salir fuera de su círculo de relaciones.

Los mayores obstáculos para alcanzar el éxito pueden ser la desconfianza en uno mismo y la desaprobación de otras personas. Concedemos tanto valor a la aprobación de los demás que nos resistimos a asumir riesgos.

Es probable que para estar en el Elemento tengas que salir del círculo, escapar del pensamiento grupal (aquel en que cada uno de los miembros accede a hacer algo que no quiere porque cree que los otros quieren hacerlo – ej. paradoja de Abilene).

El peligro del pensamiento grupal, advierte Ken Robinson, es que entorpece el juicio individual. Los grupos de gente son como los bancos de peces.

Barreras culturales

La cultura en la que crecemos influye en los procesos básicos a través de los cuales vemos el mundo circundante (ej. occidentales: “un tigre”; asiáticos: “una selva con un tigre” o “un tigre en la selva”).

La cultura no sólo influye en lo que pensamos acerca de lo que vemos, sino en lo que en realidad vemos del mundo. La cultura nos condiciona de forma imperceptible.

Por ello, encontrar el Elemento requiere a veces romper con nuestra cultura originaria para alcanzar nuestras metas.

Las recompensas del Elemento son considerables, pero puede que para recoger los frutos tengas que hacer frente a una severa oposición. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar?

¿Te sientes afortunado?

El Elemento también es una cuestión de actitud.

Lo que determina nuestra vida no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos sucede. Lo que marca la diferencia es nuestra actitud en cuanto a lo que pasa. La gente afortunada provoca su suerte con su actitud.

Es preciso, por tanto, mirar de un modo distinto las situaciones ordinarias.

Quizá la actitud más importante para sembrar la buena suerte es tener un fuerte sentido de la perseverancia.

Configuramos las circunstancias y las realidades de nuestra vida, y también podemos transformarlas

Basado en Ken Robinson y Lou.Aronica. Editorial Random House Mondadori (2009)