Momentos: 1 – 15 Enero 2015

1.

Me despierto escuchando el sonido de mis propios ronquidos. Tendido boca arriba, siento mi respiración acompasada en la quietud de la habitación oscura. Abro los ojos y compruebo que los resquicios de la persiana no filtran todavía la claridad del alba. Es noche cerrada, sin atisbo de aurora de momento. Me remuevo levemente y acomodo sábana, manta y colcha con un tirón ligero. Cierro los ojos, hundo la cabeza en la almohada y, dando una inspiración nasal profunda, me dejo arrastrar por el sueño.

2.

El sol luce espléndido sobre la ensenada, casi vertical, irradiando amplios destellos en el mar en calma. Por el paseo a ras de arena caminan parejas jóvenes, mujeres empujando carritos y jubilados, y juegan niños que corretean detrás de pelotas o montan en bicis y artilugios sin pedales. Los bares a pie de playa muestran cierto movimiento, con algunas mesas ocupadas por lugareños que a esa hora dan cuenta de cervezas, finos, refrescos y demás aperitivos. Sin interrumpir la carrera me quito la sudadera y me la anudo a la cintura, manteniendo la cadencia y el resuello. Voy mejor de pulmón que de piernas, algo cargadas tras la tirada de ayer. A la altura del faro, un mensaje pintado a mano en el poyete, en naranja fluorescente, me saca una mueca divertida: “Nadie dijo que fuera fácil”. Y que lo digas…

3.

Sus castas. No contaba con este imprevisto. Me las prometía felices, expectante como estaba ante mi primera incursión en el mar fuera de época estival. Embutido en el traje nuevo, compruebo que el agua que penetra a través del neopreno no me priva del calor corporal, que me mantiene indemne ante las olas. Por un momento disfruto de la perspectiva, acogiendo entusiasmado las nuevas sensaciones al contacto del tejido. Sin embargo, no tardo en darme cuenta de que he cantado victoria antes de tiempo. Tan pronto como doy las primeras brazadas, un frío intenso me atenaza la cara, como si una garra de hierro me oprimiera las mandíbulas hasta casi reventarlas. La percepción no es tanto térmica como física, un dolor agudo que me evoca la opresión de cristales rotos contra las mejillas. Para mi decepción, no me queda otra que abortar la operación.

4.

Deshacemos las maletas en silencio. Siento melancolía, un asomo de nostalgia indisimulada que no deviene en tristeza porque me sé feliz a su lado. La vuelta siempre es dura, no es fácil reanudar la rutina cuando quieres escapar de ella, o sustituirla por otra distinta. Saco el último pantalón, y al colgarlo me la encuentro de frente en el pequeño vestidor. La observo callado hasta que se gira a mirarme. La tomo de la cintura con una mano y rodeo su espalda con la otra, entregado a sus ojos claros y a su infinita ternura. Me ojea desconcertada, con ese gesto tan suyo que yo adoro. Acaricio su pelo y la beso.

5.

Le he pedido que me ayude a envolver el libro mientras yo me ocupo de la cena. Apago el fuego, con patatas y cebollas ya pochadas, cuando aparece reclamando otro pliego de papel, distinto del que lleva en la mano. Justamente el mismo con el que me las he visto y deseado esta tarde para componer torpemente, muy a las bravas, los cuatro paquetes que tengo para ella; cosa que me ha llevado no poco tiempo, por cierto. Es que éste es muy feo, me dice. Mantengo el temple por fuera cagándome en todo por dentro, parcheando un careto que sin mediar disimulo sería el del emoticono ojiplático del móvil.

6.

Paseamos avenida arriba. A nuestras espaldas, el sol de mediodía atempera el ambiente y baña la ciudad de una cálida luminosidad. Quizá por ser festivo, quizá por la hora, la calle presenta un aspecto inusualmente sereno, en chocante contraste con la riada de gente que albergaba anoche. La escasez de tránsito se extiende a la calzada, donde sólo autos esporádicos justifican detenerse ante el semáforo peatonal en rojo. Es curioso cómo, en la tranquilidad de un paseo por el puro placer de caminar, uno advierte lugares, edificios, sedes, arquitecturas, estilos, detalles, en los que nunca había reparado a pesar de haber recorrido el mismo trecho decenas, cientos de veces.

7.

Lo cómodo es no hacerlo, por supuesto, dejarlo estar. Marear la perdiz en el descanso del partido, sondear cualquier excusa ¿Pero quién crece desde la comodidad? Enchufo la radio para conectarme al musicón, buscando el impulso que me movilice y torpedee la pereza, que siempre se hace más palpable cuando el punto a sumar es físico. Serán sólo unos minutos, y ni siquiera es un esfuerzo encomiable, pero cómo cuesta arrancar. Me despojo de la sudadera y me vengo arriba. Puede que el hábito no haga al monje, pero a mí me hace más fuerte. O al menos me pone en el camino.

8.

Los conocíamos de vista. Son asiduos a la práctica, donde hemos coincidido muchísimas veces en los últimos dos años. En ninguna de esas ocasiones los vi bailar con nadie más. Siempre juntos, sin relacionarse con el resto más que para cruzar un saludo, si acaso. De ahí que los tuviera por una pareja un tanto arisca, de tan endogámica. Compruebo que estaba equivocado. Son gente afable, sonriente, muy agradable. Transmiten calidez y cercanía. De aspecto frágil por su delgadez y su actitud reservada, ella es además dulce y delicada. La abrazo con suavidad, como cuidando que no vaya a romperse, y me entrego al baile disfrutando de su compañía. Las apariencias engañan, y esta vez lo celebro.

9.

Tecleo el punto final, marco esa última frase en azul y la repito extendiendo el brazo a la altura del pecho, como si ya estuviera en la palestra frente a mis compañeros. Siento un gran golpe de adrenalina, y eso que estoy sentado. Sonrío y cierro el puño conteniendo un grito de júbilo. Me gusta como segundo cuento, más aún por haberlo redactado yo de nuevo. Grabo y cierro el archivo y estiro palmas en alto, orgulloso del resultado.

10.

La parte técnica del “proyecto” me la ahorraría de buena gana. Subcontraté hace días la instalación de la plataforma en el hosting y la consecuente migración, convencido de que a ese precio era preferible invertir dinero que dedicar tiempo y esfuerzo a resolverlo por mi cuenta. Pero ahora no cabe otra: el rol de administrador requiere soltura con los asuntos más operativos (proveedor del alojamiento, CMS, cpanel, etc.); para lo cual, antes que nada, debo entender de qué va cada uno y las relaciones entre ellos. Así que, dispuesto a pagar el peaje, abro los correos de unos y otros y releo lo reportado por el técnico. Fuera amanece, y poco a poco la claridad se funde con la calma del salón. Disfruto del momento y del silencio de la mañana.

11.

La tarde se va tornando fría a medida que pinta de tonos anaranjados el fondo que se vislumbra entre los edificios. Troto lentamente pendiente arriba, para entrar en calor poco a poco. A la altura del primer semáforo me detengo. Al otro lado distingo una cara que me resulta conocida; quizá de muchos años atrás en la universidad, qué más da. La pendiente ahora es de bajada. Esquivo a los transeúntes, paso frente al supermercado y dejo a mi espalda la gasolinera al parar en el segundo cruce. Cuando lo atravieso y llego a la otra acera siento el crac y me cago en todo. He vuelto a romperme.

12.

Las voces al otro lado siguen estirando la conversación innecesariamente. Llevamos una hora de call, sin visos de final inminente, y las tres personas en la sala mostramos signos de querer quitárnoslo de encima cuanto antes. En lo que a mí respecta, además, el hastío es más profundo, porque va mucho más allá de una llamada o de un momento puntual. Estoy fuera de sitio, pienso nuevamente. Desencantado, no comprometido, desvinculado emocionalmente, sin creer en lo que hago. Vacío ya de ilusión, aguantando el tipo tan sólo por un sueldo y por la expectativa de una jugosa cuantía a la vista. Lo quiera o no, soy parte de la degradación. Hace siete años, recuerdo, sentado en esta misma sala y entrevistado por el tío que tengo delante, lo que más deseaba era entrar a trabajar aquí.

13.

No calla ni debajo del agua. Aun consciente de la que se me venía encima, he hecho por ser amable con ella, interesándome de veras por sus vacaciones, por la sorpresa que le dio a su madre y por sus días en familia. Pongo genuina voluntad en seguirle el hilo hasta que, como siempre, se arranca con comentarios sobre la meteorología y no sé qué intrascendencias que suelta de corrido y sin hilo conductor aparente. No lo sé porque ya la he perdido, a pesar del esfuerzo. Más pendiente de encontrar la grieta en su discurso por la que poder escabullirme, de escapar de la tupidísima red que trenza su monólogo, voy dando pasitos cortos atrás, disimuladamente, hasta la puerta.

14.

Andando de vuelta a la oficina la imagen me viene de repente. Un gimnasio distinto del que frecuentábamos, máquinas, cintas de correr, gente desconocida. La suya es la única cara familiar, y es inequívoca. Sorpresa al vernos, alegría, un abrazo grande. El sueño ha sido tan vívido que por un momento sentí que nos reencontrábamos de verdad. Ahora me pregunto qué será de él, si seguirá madrugando a sus sesenta y tantos largos. Intuyo que sí, porque siempre fue más a socializar y al chascarrillo que a hacer deporte. Lo suyo sería llamarlo, pero no lo hago. Un día de estos, me digo. Como si eso zanjara la incómoda sensación que me asalta, sigo caminando y llego al cruce.

15.

La humedad se filtra a través de las suelas mojadas de los zapatos, helándome los pies. A la altura de la academia me giro y veo a la recepcionista jugueteando con el ratón, matando el tiempo antes de echar el cierre. Voy pensando en el reto que yo mismo me he marcado, que encaro como desafío personal pero también, quién sabe, como inversión a futuro. Es explorar, aventurarme en terreno desconocido para formarme en una nueva disciplina. Es hacer, echarle horas y paciencia para familiarizarme con algo que me es ajeno. Es crear, diseñar mi propio escenario, el espacio que acogerá mi voz escrita. Es,en definitiva, crecer. Es INSPIRATTIO.

Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>