Lo que se ve y lo que no se ve

Hay una expresión muy extendida en economía que habla de “abrir zanjas para luego cerrarlas” y que se emplea como crítica hacia un gestor (normalmente al frente de la administración) por una medida que se concibe como un sinsentido, una imprudencia o un despilfarro.

Se trataría de una decisión tomada en apariencia para fomentar el empleo por la vía del gasto público: en efecto, un estado podría destinar recursos a abrir zanjas, boquetes o lo que gustase, y luego taparlos; o a levantar muros y luego tirarlos; o a cualquier otro uso no productivo, tan sólo para crear puestos de trabajo aunque fueran coyunturales. Tal inversión sacaría del paro a los desempleados contratados para la ocasión, pero también beneficiaría al sector del hormigón, al de los fabricantes de ladrillos (incluso a los productores de arcilla, materia prima de estos), y, llegado el caso, a los fabricantes de herramientas, por poner algunos ejemplos. Todo esto, al parecer, favorecería la actividad económica y contribuiría al crecimiento. Gran medida para tirar para adelante en épocas de necesidad.

LA VENTANA ROTA

Un ejemplo análogo es la parábola de la ventana rota, enunciada por Frederic Bastiat en su ensayo “Lo que se ve y lo que no se ve” y satirizada por Charlot en la película “The Kid”.

Un niño rompe el cristal de una tienda (Charlot directamente le paga para que lo haga adrede) y el tendero tiene que contratar a un cristalero que lo repare. Esta situación, puede pensarse, es positiva porque beneficia al cristalero, que con su ganancia podrá comprar zapatos y beneficiar al zapatero; y éste a su vez comprará más piel para producir más zapatos, lo cual favorecerá al peletero; y así sucesivamente, y el efecto habrá sido positivo para la sociedad en su conjunto.

Pero claro, esto es lo que se ve. Lo que no se ve es que, con el dinero que dedicó a reparar el cristal, el tendero pensaba encargar un traje nuevo que ahora no podrá comprar. Esto perjudica al sastre, que sin saberlo habrá perdido una venta; y a su vez al fabricante textil, al que el sastre habría comprado más tela con la ganancia obtenida de la venta al tendero; y también, por extensión, al productor de algodón; y así sucesivamente, y el efecto de la rotura del cristal habrá sido negativo para la sociedad en su conjunto.

EFECTOS INVISIBLES, CONSECUENCIAS NO EVIDENTES

Toda decisión, acción u omisión lleva aparejado un efecto invisible, un “coste oculto” a veces no evidente a simple vista. También en nuestras vidas, en el plano personal, en nuestra relación con los demás. A la hora de decantarnos por una alternativa, o de imponerla, pensemos en las consecuencias a más largo plazo de nuestros actos. Tengamos en cuenta no sólo lo que se ve… también LO QUE NO SE VE.

 

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